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Devocionales

Devocionales · Reflexión · 12 ago 2026

Cuando no puedes perdonar

Texto base

"Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo?" Mateo 18:32-33

Perdonar puede sonar sencillo hasta que el daño tiene nombre, fecha y consecuencias. Jesús nunca trató el mal como algo insignificante. Precisamente por eso su enseñanza sobre el perdón es tan profunda.

En Mateo 18, Pedro pregunta cuántas veces debe perdonar. Jesús responde con una parábola sobre dos deudas desproporcionadas. Un siervo recibe el perdón de una deuda imposible de pagar, pero después se niega a mostrar misericordia ante una deuda mucho menor.

El centro no es decir que lo que otros nos hicieron "no fue nada". La deuda existe. El punto es que quien ha comprendido la magnitud de la misericordia recibida de Dios ya no puede relacionarse con los demás como si él mismo nunca hubiera necesitado misericordia.

Perdonar tampoco significa llamar bueno al mal, eliminar automáticamente consecuencias, restaurar confianza sin arrepentimiento o permanecer expuesto al abuso. La Escritura puede hablar simultáneamente de perdón, justicia, corrección y límites.

El perdón cristiano renuncia a convertirse en dueño de la venganza. Entrega el juicio a Dios y se niega a alimentar indefinidamente la deuda en el corazón.

Eso puede ser un proceso doloroso. Pero el punto de partida no es mirar primero al ofensor. Es mirar cuánto hemos sido perdonados nosotros.

En la cruz vemos ambas cosas: Dios no trivializa el pecado y, al mismo tiempo, abre un camino de reconciliación para pecadores.

No perdonamos porque el daño haya sido pequeño. Perdonamos desde la inmensidad de la gracia que nosotros mismos hemos recibido.

Oración

Padre, tú conoces el daño que me hicieron. No permitas que el dolor se convierta en dueño de mi corazón. Hazme recordar tu misericordia y enséñame a perdonar sin llamar bueno a lo malo. Amén.

Autor: Verbo


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