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Artículos y Reflexiones · Apologética · oct 2025

¿Fue Baruch Spinoza el primero en preguntar sobre la Biblia?

Por qué sí podemos —y debemos— cuestionarlo, para lectores que desean fortalecer su fe con claridad histórica, sin ingenuidades.

En el debate moderno, a Spinoza se le atribuye una autoridad casi incuestionable por haber negado la inspiración divina de la Biblia y leerla únicamente como documento histórico. Sin embargo, no fue el primero en notar tensiones textuales o posibles adiciones y redacciones, y además su salto filosófico —de "autores humanos y contexto" a "no hay autor divino"— resulta ser un salto no demostrado.

El creyente informado puede reconocer los procesos humanos de la transmisión bíblica, sin renunciar al centro: la unidad teológica que culmina en Jesucristo resucitado.

1. Antes de Spinoza: conciencia antigua de pasajes "post-mosaicos"

Tradición rabínica. El Talmud ya discutía la autoría de los últimos versículos del Pentateuco. En Bavá Batrá 15a se plantea que Josué escribió los últimos ocho versículos de Deuteronomio 34, lo que revela que ya había conciencia de una adición post-mosaica sin colapsar la autoría mosaica del resto.

Ibn Ezra (siglo XII). Mucho antes de Spinoza, Abraham ibn Ezra identificó lo que llamó el "secreto de los doce" y enlistó pasajes que, a su juicio, difícilmente pudieron haber sido escritos por Moisés (por ejemplo, Génesis 12:6; 22:14; Deuteronomio 1:1-5; 3:11; 31:9; 34:1-12). Spinoza conocía y citaba a ibn Ezra; de hecho, parte de sus argumentos ya estaban en circulación medieval.

Cristianismo antiguo: crítica y comparación. Orígenes (siglo III) elaboró la Hexapla, una edición crítica en seis columnas (hebreo, transliteración, varias versiones griegas) para detectar variantes. Esto es ya crítica textual varios siglos antes de Spinoza. Jerónimo (siglo IV-V), en los prolegómenos de la Vulgata, defendió la hebraica veritas, revisando el hebreo frente a la Septuaginta y subrayando variantes y glosas.

Conclusión histórica: la existencia de variantes, adiciones o redacciones era conocida por judíos y cristianos siglos antes de Spinoza. Lo novedoso en él no fue tanto notar "problemas", sino negarlos como revelación divina.

2. Lo que sí mostró la crítica moderna: pluralidad textual antigua… y estabilidad sustantiva

Los Manuscritos del Mar Muerto evidencian que entre los siglos III a.C. y I d.C. circularon varias familias textuales (proto-masorética, "pre-LXX", etc.). Esta pluralidad confirma un proceso dinámico de transmisión, pero no un colapso del mensaje.

La Masora (trabajo de los masoretas, siglos VII-X) añadió vocales, acentos y notas marginales para registrar variantes sin reescribir el consonantario hebreo. Es decir: conciencia crítica combinada con fidelidad al texto.

Punto clave: reconocer redacción, transmisión y variantes no significa renunciar a la inspiración divina; significa honestidad histórica y confianza en que Dios habló en medio de la historia.

3. ¿Qué hizo Spinoza entonces?

En su obra Tractatus Theologico-Politicus (1670), Spinoza negó la autoría mosaica integral del Pentateuco y propuso que gran parte del Antiguo Testamento fue compilado después del exilio por escribas —es decir, por hombres— y que la Biblia debía leerse "como cualquier otro texto antiguo", sin consideración de inspiración divina.

¿Podemos cuestionarlo? Sí. Cuestionar a Spinoza es tan legítimo como él cuestionó la fe. Y al situarlo frente a las tradiciones rabínica y cristiana anteriores (Talmud, ibn Ezra, Orígenes, Jerónimo), se ve que no inauguró la crítica textual, sino que redefinió sus implicaciones desde un marco racionalista.

4. La tensión histórica clave

Existe un momento histórico-teológico fundamental que todos los creyentes deben reconocer: si en el siglo I el sistema religioso y político judío-romano hubiera podido refutar con un cadáver la proclamación de la resurrección de Cristo, lo habrían hecho, porque la amenaza era grave. Los primeros cristianos afirman una tumba vacía y apariciones del Resucitado muy pronto; esa combinación explica el surgimiento fulminante del cristianismo en Jerusalén, dentro de un contexto hostil.

Este no es un argumento absoluto cerrado, pero es una evidencia negativa significativa: la ausencia del cuerpo expuesto es parte del cuadro histórico que la fe cristiana asume como real.

5. Una fe que no es ciega: la unidad que converge en Cristo

La Escritura, leída con honestidad, exhibe un arco narrativo que va de creación-caída-promesa-redención-nueva creación. Esa unidad converge en Jesucristo.

Históricamente, la primera generación cristiana proclamó la resurrección muy temprano; la fórmula en 1 Corintios 15:3-8 preserva una tradición primitiva con testigos —incluido Pablo mismo, a quien "apareció a más de quinientos hermanos"— y es considerada por muchos historiadores como muy temprana.

Como creyentes, podemos aceptar que la Biblia tiene procesos humanos de redacción, transmisión y variantes. Pero no por ello perdemos el mensaje central: Cristo resucitó, y nuestra esperanza está firmada en ese hecho, no en la excusa de autoría humana o debates literarios.

Conclusión

Como creyentes, estudiamos con rigor y aceptamos la complejidad histórica, pero no sometemos nuestra fe a debates literarios. Nuestra fe está firmada en Cristo resucitado.


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