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Artículos y Reflexiones · Reflexión · 27 jul 2026

2 Corintios 5:15-17: nueva criatura, nueva manera de ver

La segunda carta del apóstol Pablo a los Corintios, capítulo cinco, desde los versículos quince al diecisiete, describe un cambio radical en nuestra manera de ver.

"Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino que para aquel que murió y resucitó por ellos. De manera que nosotros de aquí adelante a nadie conocemos según la carne: y aun si a Cristo conocimos según la carne, pero ahora ya no le conocemos. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas." 2 Corintios 5:15-17

Pablo afirma que, porque Cristo murió por todos, los que viven ya no viven para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos. Por eso, de ahora en adelante no conocemos a nadie según la carne, y esto incluye incluso la manera en que antes entendíamos a Cristo. La forma antigua, meramente humana, de mirar y evaluar ha quedado atrás.

Estar en Cristo no significa solo perdón; significa reorientación. Una nueva criatura no es simplemente alguien que actúa distinto, sino alguien que percibe distinto. Ya no juzgamos a nuestros hermanos con los criterios que usábamos cuando andábamos en la carne, ni los reducimos a lo que fueron cuando ellos mismos andaban en la carne. Su pasado ya no es su definición, porque Cristo no se relaciona con nosotros de esa manera.

Incluso nuestra manera de hablar de Cristo ha sido transformada. Ya no lo hacemos desde una perspectiva humana, limitada y terrenal, sino desde una perspectiva renovada, nacida de la revelación. Todo es interpretado a la luz de lo que Dios ha hecho en Él y por medio de Él.

Ser una nueva criatura define no solo nuestra relación con Cristo, sino también nuestra relación con nuestros hermanos. Implica una nueva naturaleza, conceptos nuevos, motivaciones nuevas, una perspectiva nueva y un criterio nuevo, aun al tratar con las debilidades y defectos de los demás. Estar en Cristo es una redefinición profunda de cómo vemos, cómo hablamos, cómo abrazamos y cómo amamos: aprendemos a amar como Cristo, porque en Él, verdaderamente, somos hechos nuevos.


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