Artículos y Reflexiones · Reflexión · 27 jul 2026
Hoy, si oyes Su voz
La Escritura es muy clara cuando Dios habla al corazón del creyente.
"Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyen hoy su voz, no endurezcan sus corazones como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto." Hebreos 3:7-8
El apóstol Pablo nos exhorta con palabras directas: "Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo" (Efesios 5:14). Y el mismo Señor Jesucristo declara: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo" (Apocalipsis 3:20).
Estos textos no están dirigidos a personas que no conocen a Dios. Están dirigidos al pueblo de Dios, a la iglesia. Jesús no está llamando al mundo desde fuera; está hablando a creyentes cuya relación con Él se ha enfriado.
Y esa es una realidad. Hay tiempos de frialdad espiritual. A veces por el sufrimiento, a veces por el desgaste, a veces por el desinterés natural de la carne. Nos miramos a nosotros mismos y no sabemos por dónde empezar. Entonces oramos y decimos: "Señor, levántame. Señor, ten misericordia. Señor, ayúdame."
Pero es importante escuchar con atención lo que Dios realmente está diciendo. En ninguna parte el Señor dice: "Clamen para que yo los levante." Lo que Él dice es: "Yo estoy a la puerta y llamo." La acción que estos textos demandan no es de Dios; es nuestra.
Hebreos dice: no endurezcas tu corazón. Pablo dice: levántate. Jesús dice: abre la puerta.
El llamado es claro y es presente. No es mañana. No es cuando te sientas mejor. Es hoy. Quizá nadie te lo ha dicho en mucho tiempo, pero hoy Dios te lo dice con claridad: levántate.
Dios ya hizo Su parte. Él se acercó. Él llamó. Ahora el llamado es a detenerte, acercarte a Él, abrirle la puerta, mirarlo, hablar con Él, escucharlo. Déjale entrar, sentarse contigo, compartir la mesa y conversar.
Hoy, si oyes Su voz, no endurezcas tu corazón.
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