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Artículos y Reflexiones · Reflexión · 27 jul 2026

"Aún no es el fin": discernir sin especular

Vivimos en tiempos en los que los acontecimientos del mundo pueden inquietar el corazón. Guerras, pandemias, terremotos, crisis económicas y cambios acelerados generan preguntas legítimas, y muchos se preguntan: "¿Será esto el fin?"

Jesús mismo respondió a esa pregunta. Y lo hizo con claridad, con amor y con un profundo cuidado pastoral.

Cuando Sus discípulos le preguntaron por el fin, Jesús no los dejó sin respuesta, pero tampoco los dejó atrapados en el miedo. Él habló de señales reales y visibles:

"Y oirán guerras, y rumores de guerras: miren que no se turben; porque es menester que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestilencias, y hambres, y terremotos por los lugares. Y todas estas cosas, principio de dolores." Mateo 24:6-8

No negó ninguna de estas cosas. Jesús llamó a estas realidades "principio de dolores", como los dolores de parto antes de un nacimiento. Son reales, son dolorosas, son intensas, pero no son el final.

A lo largo de la historia, la iglesia —muchas veces con buenas intenciones— ha caído repetidamente en el mismo error: llamar "fin" a lo que Jesús dijo claramente que no era el fin. En distintas épocas se afirmó que el mundo terminaría alrededor del año 1000, durante grandes pestes como la Peste Negra, en medio de guerras mundiales, con el cambio del milenio en el año 2000 o recientemente durante la pandemia del COVID-19. En cada uno de esos momentos se dijo: "ahora sí", y sin embargo, el fin no llegó.

Esto no significa que Jesús se equivocó. Significa que nosotros interpretamos mal lo que Él ya había explicado.

Jesús nunca nos llamó a ignorar los tiempos, pero tampoco nos llamó a vivir alarmados ni a poner señales donde Él no las puso. Él dijo claramente que estas cosas sucederían y precisamente por eso advirtió: "Miren que nadie les engañe" (Mateo 24:4).

El propósito de Jesús no era producir miedo, sino paz en medio del caos. No era distraernos con especulación, sino enfocarnos en la misión. Porque Jesús también definió claramente qué marca el fin:

"Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio a todos los Gentiles; y entonces vendrá el fin." Mateo 24:14

No cuando haya otra guerra. No cuando surja otra pandemia. No cuando ocurra otro terremoto. El énfasis de Jesús nunca estuvo en el calendario, sino en el mensaje.

Por eso, cuando los discípulos volvieron a preguntarle por los tiempos, Jesús les dijo con amor y firmeza: "No toca a ustedes saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad" (Hechos 1:7). No porque no importen, sino porque no deben gobernar nuestro corazón.

Nuestro llamado no es vivir en ansiedad, sino en esperanza. No es distraernos con teorías, sino caminar fielmente con Cristo. Y cuando llegue el día del fin —porque llegará— no será un motivo de terror, sino de gozo, sabiendo que fuimos fieles a la tarea que Él nos confió.

Discernamos sin especular. Estemos atentos sin alarmarnos. Vivamos en paz, no en miedo. Amemos el regreso del Señor sin descuidar el mensaje que debemos anunciar hoy.

Jesús no nos dejó sin señales. Pero tampoco nos dejó sin excusa para inventarlas.


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