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Artículos y Reflexiones · Reflexión · 21 ago 2026

La mejor versión de mí fue clavada en la cruz

Muchos predican hoy acerca de convertirnos en «la mejor versión de nosotros mismos». Nos hablan de desarrollar nuestro potencial, de fortalecer el carácter, de vencer nuestras limitaciones y de llegar a ser mejores hombres, mejores mujeres, mejores cristianos.

Y probablemente muchos de nosotros estamos en desacuerdo con esa enseñanza. Pero el problema es que, aunque no creemos eso, muchas veces vivimos así. Tratamos de ser la mejor versión de nosotros mismos con nuestras propias fuerzas. Tratamos de controlar el carácter, controlar los pensamientos, tener más paciencia, pecar menos, amar más, orar más, portarnos mejor. Y sin darnos cuenta, seguimos confiando en nosotros.

Pero Jesucristo fue claro:

«Separados de mí nada podéis hacer». Juan 15:5

No dijo que separados de Él podemos hacer menos. Dijo que no podemos hacer nada.

Y tarde o temprano esa «mejor versión» de nosotros mismos nos traiciona. Podemos sostenerla por un tiempo. Podemos disciplinarnos, controlarnos, aparentar madurez, mantener ciertas conductas. Pero algo dentro de nosotros sigue estando allí.

Pablo lo describe:

«Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago». Romanos 7:15

Y luego dice:

«Yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien». Romanos 7:18

Pablo no está diciendo que todo en la humanidad sea inútil en el sentido de que no podamos amar, trabajar, crear, servir o hacer cosas buenas. Está diciendo que en nuestra carne no está la fuente de la justicia que Dios demanda.

Santiago también lo dice cuando pregunta:

«¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?». Santiago 4:1

El problema no está solamente afuera. Hay algo dentro de nosotros que está torcido por el pecado.

Entonces podríamos decir: «Bueno, quizá no soy perfecto, pero voy a darle a Dios lo mejor de mí. Mis buenas obras. Mi disciplina. Mi esfuerzo. Mi justicia».

Y ahí entra Isaías 64:6:

«Todas nuestras justicias como trapo de inmundicia». Isaías 64:6

Eso es fuerte porque no está hablando solamente de nuestras maldades. Está hablando de nuestras justicias. De lo mejor que nosotros podemos presentar.

Podemos hacer cosas buenas, podemos ayudar, servir, sacrificar tiempo, dar, amar, trabajar, pero nada de eso convierte nuestra justicia en la justicia de Dios.

Y por eso Pablo dice en Filipenses 3:9 que quería ser hallado en Cristo:

«No teniendo mi propia justicia… sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios». Filipenses 3:9

El evangelio no consiste en mejorar mi justicia hasta que llegue a parecerse a la de Dios.

Consiste en reconocer que necesito una justicia que no viene de mí.

Por eso esto no se trata de Cristo ayudándome a convertirme en una mejor versión de mí mismo.

Se trata de algo mucho más radical.

Pablo dice:

«Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí». Gálatas 2:20

Y Romanos 6:4 dice que fuimos sepultados con Cristo para que, así como Él resucitó, nosotros andemos en vida nueva.

No es simplemente el mismo hombre mejorado.

Hay muerte.

Hay una ruptura.

Hay nueva vida.

Y aun cuando Pablo habla de todo lo que hizo, de todo lo que trabajó, dice:

«He trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo». 1 Corintios 15:10

Eso me encanta porque Pablo no niega su esfuerzo. Él trabajó, obedeció, luchó, perseveró. Pero cuando tuvo que decir de dónde venía todo eso, no se señaló a sí mismo.

Señaló la gracia.

Y esto llega incluso hasta nuestro deseo de buscar a Dios.

Si hoy hay en nosotros hambre por conocerlo, deseo de obedecerlo, dolor por nuestro pecado, deseo de parecernos más a Cristo, ni siquiera eso nació solo de nosotros.

Dios se ha revelado en la creación, nos ha hablado por su Palabra y finalmente se nos ha mostrado en Cristo.

Y Filipenses 2:13 dice:

«Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad». Filipenses 2:13

Así que ni siquiera puedo decir: «Bueno, por lo menos las ganas son mías».

Hasta el querer viene de Él.

Por eso, al final, el cristianismo no puede terminar en: «Mira en quién logré convertirme».

Tiene que terminar en: «Mira lo que Cristo hizo».

Porque yo no necesito que Cristo saque lo mejor de mí.

Necesito que Cristo sea mi vida.

«Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí». Gálatas 2:20

Porque la mejor versión de mí fue clavada en la cruz.

Autor: Juan José Venegas


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